Puntual a su cita como cada temporada ha llegado el problema arbitral. Al igual que la gripe, causa estragos entre la mayoría de los clubes. Hay algunos que están inmunizados. Esta historia no va con ellos. Por la cuenta que les trae los árbitros miden mucho sus decisiones en determinados escenarios y ante algunos equipos cuyo poder e influencia les puede perjudicar. Una carrera arbitral, un ascenso en el escalafón o una internacionalidad se pueden truncar por culpa de un fallo ante el Madrid o el Barça por su trascendencia, aumentada gracias a la fuerza mediática de ambos. Así funciona el sistema y todos lo sabemos, sobre todo ellos, los colegiados. Tampoco es frecuente que se equivoquen en San Mamés contra los locales. Se trata de un mal endémico que ha echado raíces y que se tapa con declaraciones tópicas y frases hechas. Nadie se atreve a tomar el toro por los cuernos y a mejorar de verdad el estamento arbitral. La clave del asunto no radica en el error humano aceptable y comprensible, sino en la proporción de los fallos y de quienes son sus destinatarios. Nadie tiene derecho a bula y menos que nadie los más poderosos.
El Valencia había cubierto sin contratiempos la primera fase de la temporada. Pero ha sido empezar el 2009 y declararse la mundial. Los árbitros la han tomado con los de Mestalla. Los números son tremendos. Cuatro penaltys en contra, dos a favor, tres expulsados y un par de goles anulados injustamente. La desastrosa actuación de Rodríguez Santiago en el duelo con el Atlético de Madrid fue un anticipo de lo que vendría a continuación. Capítulo aparte lo del gol del Sevilla. Undiano y su auxiliar dirigieron la final de Copa ante el Getafe y parecían que, al igual que una amplia mayoría,deseaban el triunfo del modesto equipo madrileño. Su actuación fue parcial y de no ser por los dos goles madrugadores el Valencia no sería ahora el campeón. Hubo una agresión a Moretti previa al penalty a favor del Getafe. El auxiliar no vio lo primero pero sí la falta del italiano dentro del área. En la segunda mitad hubo un penalty de libro a Villa, también en la zona del célebre Fermín. Tampoco se enteró. Todo quedó medio olvidado con la conquista del trofeo. El miércoles, sin embargo, el fuera de juego kilométrico lo dejó de nuevo en evidencia. A él y a sus superiores.


