Posted on 31 Mayo 2010 by P. LLoret
La pasada semana se cumplió el décimo aniversario de aquella final disputada en París que marcó un antes y un después para el valencianismo. Sí, ya han pasado diez años. Pese a su innegable trascendencia, el recuerdo evoca demasiado dolor, de ahí que apenas se haya reparado en la efeméride. Fueron días de ilusión y entusiasmo rotos por un inesperado hundimiento. El club de Mestalla supo seguir un camino pese al varapalo sufrido. Aquella noche jugaron por última vez algunos de los futbolistas más destacados en aquel momento: Claudio López, Farinós y Gerard. La plantilla no acusó el mazazo y creció con nuevas incorporaciones. Se regeneró el vestuario y se siguió adelante. Había un proyecto claro y definido. Las ofertas se estudiaban y si el precio resultaba convincente se procedía al traspaso. El Valencia de entonces mantuvo su capacidad competitiva y administró con eficacia sus recursos. Un año después, volvió a la gran cita continental y a los dos años se proclamó campeón de liga.
El presente de la entidad no es comparable con el de hace una década pero existen algunos paralelismos. La cruda realidad obliga a atender las ofertas que llegan por los mejores jugadores y ,en la medida de lo posible, a ejecutarlas. No hay otra salida. Sin embargo, esa política de ahorro forzado exige al mismo tiempo acierto a la hora de encontrar fórmulas alternativas que contribuyan a mantener el nivel de la plantilla. Sin miedos ni complejos, el Valencia ha de hacer frente a una reconversión más que necesaria. Esta evidencia no puede servir de pretexto para justificar errores ni para bajar los brazos. Es la hora del ingenio en las soluciones y de rebelarse contra el conformismo.
Lo más irónico de aquella derrota en el Saint Denis es que no impidió un relevo en la presidencia de los ganadores. El desembarco de Florentino era inminente y se consumó un par de meses después. En este largo período ha tenido tiempo de llegar, fracasar, dimitir y volver de nuevo a la carga entra la complacencia general. El espíritu crítico se pliega ante su poderoso despliegue de medios y recursos pese a actuaciones tan irrespetuosas como las sufridas por Manuel Pellegrini. Nadie osa criticar a un dirigente obsesionado con la gloria de forma permanente. Por suerte, la excelencia que tanto pregona no se compra. La política derrochadora no garantiza el éxito, esa es la grandeza del fútbol.
El desencanto producido por el descenso del Mestalla a la tercera división ha quedado compensado por el excelente papel desempeñado por el equipo juvenil tanto en liga como en copa. A la buena campaña protagonizada por el conjunto de Vicente Mir se une la irrupción de Paco Alcácer con la selección española sub 17. Este joven valor de la escuela valencianista refuerza la convicción del valor fundamental de Paterna en estos tiempos de crisis.
Posted on 22 Mayo 2010 by P. LLoret

Después de dos años de amenazas se hizo realidad la salida de Villa. No por menos esperada, ha dejado de conmocionar en el ambiente. Se había asumido como algo inevitable, sólo faltaba saber el momento, el precio y el destino. La operación estaba diseñada desde hacía tiempo, apenas hubo un simulacro de negociación para cubrir las apariencias. El Barça tal y cómo se suponía ha sido el destino final del delantero asturiano. Villa jugará en el único equipo al que quería ser traspasado. Final de la historia, casi todos contentos. Desde el valencianismo se hacen dos lecturas: el club estaba obligado a vender y el precio final no entusiasma pero se acepta en términos razonables, la segunda interpretación conduce al terreno sentimental, ese pilar fundamental sobre el que se asienta este espectáculo cargado de pasión. Con la marcha del número 7, muchos aficionados se sienten huérfanos, un vacío que sólo el paso del tiempo y renovadas emociones curará.
Villa ya es historia,sin embargo la herida de su marcha seguirá abierta porque el Valencia ha vendido a su jugador más cotizado por necesidad y no por propia voluntad. Esta sensación duele y provoca rabia. En poco más de un lustro el club de Mestalla ha pasado de ser designado como “el mejor del mundo” a temer por su supervivencia. Triste pero cierto, la gravedad del asunto invita a una profunda reflexión. Tiempos duros, sin duda, pero el Valencia saldrá adelante. Ya ha sucedido en otras épocas. La entidad permanece gracias a la lealtad de sus incondicionales, al apoyo de quienes se sienten humillados por la cruda realidad pero ya se ilusionan con el futuro inmediato: la vuelta a la liga de campeones y los refuerzos que asoman por el horizonte. Esta es la gran lección. Quienes contra viento y marea permancen al lado del club son su mejor garantía, la única de que algún día volverán los días felices.
Contraste aleccionador en las salidas. Baraja se fue como un símbolo genuino del club, como un ilustre: por la puerta grande de Mestalla entre vítores y aclamaciones. Una despedida hermosa, tan auténtica como el fútbol desplegado a lo largo de una década por el “Pipo”. El número 8 que en los años noventa quedó asociado a la traición de Mijatovic ha sido elevado a la veneración de la grada por la impecable hoja de servicios que presenta uno de los inmortales del Valencia. Por el contrario, la salida de Villa ha dejado el tufillo insoportable de lo artificial, una operación de cartón-piedra ideada por su gabinete de imagen y asesoramiento. Todo muy profesional, demasiado quizás. No ha habido calor humano, el laboratorio funciona pero no emociona. Esa es la diferencia que marca la credibilidad entre uno y otro.
Posted on 22 Mayo 2010 by P. LLoret
Tarde de fuertes emociones en Mestalla. Se acaba una temporada más en el envejecido santuario valencianista que desafía el paso del tiempo con dignidad y entereza. Punto final a un ejercicio y adiós a un ilustre: “Pipo” Baraja. Es posible que también actúen por última vez algunas de las figuras de este Valencia que se ha ganado con desahogo el regreso a la Liga de Campeones. No se sabe a ciencia cierta, pero existen indicios fundados que apuntan a la inminente marcha de Silva y Villa. La afición lo tiene asumido. Está mentalizada para sus respectivos traspasos si a cambio se ingresan cantidades importantes y se consigue mantener el nivel competitivo de la plantilla ante el futuro inmediato. Ambos son idolotrados por lo que representan en el presente y porque cotizan al alza, son valores con equivalencia económica y los grandes referentes de este equipo.
La salida de Baraja alcanza otra dimensión: la sentimental. La prolongada vinculación a lo largo de diez años del centrocampista con el Valencia le ha permitido doctorarse e ingresar por derecho propio en el espacio reservado para los elegidos. Baraja ya figura entre los más grandes y eso son palabras mayores. Siempre quedará el recuerdo de su empuje y de su clase con el número ocho que lució año tras año, la evocación de sus goles y la de su capacidad para cargarse el equipo a las espaldas. Con su despedida se perpetua una nueva medular que pasa a los anales en compañía de otras parejas célebres de otras épocas: Puchades-Pasieguito y Paquito-Roberto. De aquí a unos años también se recitará el tándem Albelda-Baraja asociado a los grandes momentos vividos y a la conquista de las ligas del 02 y 04. Gloria a Baraja que como rezará esta tarde la pancarta del Gol Gran ya ha alcanzado la inmortalidad.
Esta semana se han cumplido 30 años de la Recopa ganada en Heyssel ante el Arsenal gracias a un penalty parado por Pereira. Aquel éxito europeo no le valió la continuidad a Alfredo Di Stéfano en el banquillo valencianista. Contrariado por la decisión dejó una de sus famosas sentencias: “ cuando quieran volver a ganar un título ya saben donde me tienen”. Tres décadas después, su ahijado Quique también ha ganado un trofeo continental con el Atlético de Madrid. No han pasado ni tres años desde su traumática destitución en el club de Mestalla. Quienes instigaron aquella medida se lucieron, ahora ya pueden salir y saludar desde los medios. El tiempo pone a cada uno en su sitio.
Posted on 01 Mayo 2010 by P. LLoret
A la espera de finiquitar la temporada y con el principal objetivo a un paso de cumplirse, todas las miradas se dirigen hacia Unai Emery. La continuidad del entrenador lleva camino de convertirse en el tema más debatido del momento, incluso más que el destino de los jugadores emblemáticos de la plantilla. Estamos ante la gran decisión. Un asunto que genera dudas y controversias en el valencianismo. El sentir popular de Mestalla se inclina hacia el cambio. No se trata de una mayoría aplastante pero sí significativa. En los despachos existe una división de opiniones, sobre todo a la hora de valorar los riesgos en el futuro inmediato. Si el técnico vasco permanece en el cargo surge el temor de una hipotética hostilidad en la grada en caso de que las cosas no rodaran bien en el próximo ejercicio. Por otro lado, los principales responsables del club juegan al póker entre ellos. El presidente suele tirar balones fuera y apura los plazos. No hay prisa. No le gusta precipitarse y ser víctima de la presión externa tal y cómo ha demostrado en infinidad de ocasiones. El director deportivo tampoco va a dar un paso en falso a tenor de lo visto. ¿ Quién se pronunciará primero?. Ahí está la principal clave y en esperar la reacción del otro. El tema promete.
El primer partido del Valencia en primera división tuvo lugar en el campo del Espanyol. Corrían los tiempos de la II República y su feudo se llamaba “ La Manigua”. El club catalán ya ha jugado en cuatro escenarios diferentes y en todos el Valencia ha vivido alguna jornada memorable. Del desaparecido Sarriá nos queda el recuerdo de la liga conquistada en el 71 bajo el magisterio de Di Stéfano y una remontada espectacular a finales de los años 60. El club de Mestalla perdía en el descanso por 4-1 y acabó venciendo por 4-5. En Montjuic se produjo el punto de inflexión de la etapa Benítez con otra tremenda reacción que condujo al Valencia levantar en el segundo tiempo un choque que parecía perdido. Fue el prólogo del primer título del siglo XXI. Hoy los valencianistas visitan por vez primera el feudo de Cornellá-El Prat. Las referencias que llegan son magníficas. Se trata de un escenario concebido para que los locales se sientan como en casa y los visitantes acusen la presión. Una obra práctica, realista y asequible. Mientras, el Nou Mestalla sigue en punto muerto, envuelto en múltiples misterios y a la espera de culminarse.
El alumno superó al maestro. Se veía venir. La pujanza de Quique se impuso en el santuario de Anfield. Todo apunta al final de un ciclo con Benítez al frente del legendario club inglés. La labor de Quique en el Atlético no ha podido dar mayores frutos en menos tiempo. Sus detractores en Valencia han capitulado y le rinden pleitesía o se esconden a la espera de que pierda ambas finales. Hasta entonces mejor que no se muerdan la lengua. Pueden envenenarse.