Posted on 01 Octubre 2009 by P. LLoret

La botella medio llena: el Valencia sólo ha perdido un partido oficial de los ocho disputados. La botella medio vacía: en liga tan sólo ha vencido en las dos primeras jornadas y suma dos puntos de los nueve últimos disputados. Balance raquítico por la escasa enjundia de los oponentes y las circunstancias favorables que se han dado en los partidos, desaprovechadas de forma lastimosa. El Valencia dispone de capacidad ofensiva para remontar cada vez que el rival se adelanta en el marcador pero carece del oficio suficiente para cerrar los encuentros que irremisiblemente se le escapan en la recta final. Su comportamiento es el propio de un conjunto vulnerable. Se parte por la mitad y cada choque se convierte en un correcalles de ida y vuelta. Mestalla no estaba acostumbrado a ese fútbol, clamaba por el espectáculo pero ahora añora el orden y la solidez defensiva de otros tiempos y de otros técnicos. Vivir para ver, es imposible encontrar la fórmula perfecta que satisfaga a una inmensa mayoría. Sin embargo, el estilo de Unai cada vez cuenta con más detractores.
El intercambio de golpes al que juega este Valencia provoca alarma en la grada. Debe existir un término medio compatible entre un estilo más conservador y este alegre carrusel de goles protagonizado por los de Mestalla cuya rentabilidad a tenor de los números se antoja más que dudosa. El Génova se presenta como una interesante prueba de fuego. El cuadro italiano causó una excelente impresión en El Madrigal a mediados de agosto. Venció con autoridad. Tiene buenas hechuras y viene de hacer una excelente temporada. Además acude a la cita bien acompañado por centenares de “tiffossi” deseosos de vivir noches europeas. Al club genovés le falta experiencia internacional con el doloroso agravante de haber estado en competiciones continentales siempre por debajo de su gran rival ciudadano, la Sampdoria. El valencianismo se ha tomado el duelo con cierto hastío y sin el interés ni la ilusión que demuestran los italianos. Esta frialdad ambiental supone un factor inquietante, el equipo no está para confianzas ni para grandes alegrías.
Posted on 01 Octubre 2009 by P. LLoret

Tal y cómo se presumía, ha bastado con un par de tropiezos injustificables y ha comenzado a temblar la tierra en el Valencia. Si además los pilares sobre los que se asienta la entidad no son, precisamente, un modelo de solidez ni de estabilidad, y a ello añadimos la proverbial tradición destructora del club de Mestalla, nos encontramos con la cruda realidad de un presente que en apenas tres días ha variado de forma radical. El peor parado es el entrenador. A Unai Emery se le achaca la máxima responsabilidad de lo sucedido en Getafe y en casa ante el Sporting. El clamor es casi unánime en la grada. Manolo Llorente también participa de esta inquietud, está que se sube por las paredes. El enfado está justificado por la influencia directa que en el ánimo de la afición tiene la marcha deportiva del equipo y más en estos tiempos en los que se necesita un apoyo sin fisuras.Por su parte, el técnico se defiende a capa y espada, se mantiene firme en sus convicciones dispuesto a no salirse del guión. Resulta evidente que su Valencia recibe demasiados goles y se ha perdido el rasgo más acusado de la personalidad en los últimos años, su gran baza a la hora de ser competitivo de verdad y de ganar títulos: un sistema defensivo eficaz
El vestuario anda revuelto. El crédito de Unai cotiza a la baja. Esta es la cuestión capital, la clave del asunto y ahí es donde juega un papel fundamental el director deportivo. Fernando Gómez sabe mejor que nadie por tantas experiencias vividas cuando un entrenador puede salir de una tormenta pasajera y cuando está irremisiblemente condenado al naufragio, si goza o no de predicamento en la plantilla y si domina los resortes necesarios para controlar la situación.El pasado verano cedió cuando se adoptaron decisiones, algunas de las cuales no coincidían con sus planteamientos. Unai, respaldado en todo momento por el presidente, impuso su criterio. Fernando expresó su disconformidad y aceptó los hechos consumados. Ahora, cuando el dedo acusador apunta hacia el banquillo le toca también aguantar el tirón y defender la continuidad de un entrenador al que no fichó y con el que discrepa más de la cuenta. Sin embargo la obligación de Fernando velar por los intereses del Valencia y olvidarse de asuntos menores. En momentos como el actual se aconseja frialdad, capacidad de análisis y de autocrítica por parte de los responsables del club. El cese de un entrenador supondría un fracaso colectivo por su carácter traumático y oportunista. Lo coherente es superar la situación adversa cerrando filas, reconociendo errores y rectificando.